Las rutinas de sueño se forman poco a poco. Observe señales tempranas de cansancio: frotarse los ojos, menos actividad, irritabilidad.
Procure dormir al bebé a la misma hora con un ritual breve: luz tenue, voz calmada, una nana suave.
Una temperatura cómoda y una habitación ventilada reducen los despertares. El sueño nocturno mejora cuando las siestas diurnas siguen un ritmo.
Controle las ventanas de vigilia: el cansancio excesivo suele generar más despertares.
Diferencie día y noche: luz más cálida y actividades tranquilas por la tarde.
Si se despierta, ofrezca apoyo suave: caricias y voz calma sin luces brillantes.
Cuando el ritmo se estabiliza, la constancia refuerza la seguridad del bebé.
Una niñera puede reforzar estos hábitos con suavidad para que toda la familia encuentre estabilidad.