Las comidas son un ritual. La regularidad ayuda a aceptar alimentos nuevos.
La niñera mantiene un ritmo tranquilo: sin prisa, porciones pequeñas, pausas.
Dé ejemplo: el niño prueba más cuando ve que los adultos comen lo mismo.
Respete alergias y preferencias, pero evite convertir la comida en una pelea.
Introduzca variedad de forma gradual: un alimento nuevo cada vez.
Celebre pequeños logros para crear una relación positiva con la comida.
Si el apetito es bajo, es mejor cambiar el horario que forzar.
Un horario estable y guía suave crean hábitos saludables a largo plazo.